Era incómodo tratar de hablarle. Casi nunca miraba hacia el frente sino siempre hacia el pasillo.

De repente miró hacia mi ventana y logré ver sus
ojos. Su mirada era un horizonte lejano perdido en el crepúsculo más
bello.

Sus ojos despedían una luz nocturna ke me
hacía imaginar muchas cosas. Por ejemplo un vasto y exhuberante mundo
donde había tantas batallas perdidas como ganadas.

Por una parte una dimensión desolada dejaba
ver un río de frustraciones ke con una corriente de sangre el dolor
reflejaba.

Por otro, su mirada confiada kemaba los males
vividos con un sentimiento de esperanza infinita ke en base a sueños
hacía ver un futuro casi paradisíaco.

A veces sus clisos de miel lanzaban una expresión tan ambigua ke

no se sabía si eran traumas nostálgicamente recordados o sensaciones de optimismo exagerado ante un destino incierto.

Nunca dejaré de recordar esa mirada especial.
Sobre todo porke mientras la observaba jamás imaginaría ke terminaría
con el oceánico y espacial semblante de sus ojos y ke una semana
después sería yo el ke estaría vivo en un hospital recordando a través
de estas líneas la hermosa y selvática imagen de tu mirada ahora ya
inexistente.

Salvador Plant

Agosto de 1997.